Yo no sé qué parte de ti y porqué se agrió en el tiempo, llena de terror y desazones. Cruda la bilis que te arde en las entrañas hasta desecar toda dulzura o rastro de empatía. Rompiste el filamento que nos unía, volcada en una avaricia que conmueve. Tan burda. Tan primitiva. Tan cercana al macaco primigenio. Que yo no quisiera ni un solo minuto cautivo en tus disfraces. Debe ser espantoso levantarse cada día y encontrarse con tu ajada sombra recorriendo las paredes,sin más motivo que tratar de exprimir al prójimo o menguar un poco más la libertad de tu prole. De veras siento no haber ayudado a templar tu caída, pero es tal la toxicidad que emanas que toda proximidad se convirtió en herida abierta. Y ya no tengo yo estómago para soportar tanta venganza, por más que reconozco mi desinterés forzado en tus idas y venidas. Ahora, esta es la última nota que te escribo, deseándote un futuro benigno en la tortura. Yo ya no estaré para salvarte porque te ocupaste bien de darme razones para el olvido. Ojalá recuperes la paz en alguna esquina inesperada del camino. Allí donde la vida indulta al miserable que disfrazado de víctima ejercía de verdugo!

Agur error mío!

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