No huyas. Porque rendirse nunca fue la mejor jugada cuando los tuyos te acorralan. O multitud de almas crecerán huérfanas del buen sentido y de una humildad que ha sido el mejor regalo en siglos. No huyas. Porque el cansancio que te hunde es un sacrificio que debes. Y la frustración una señal evidente de que estás en el buen camino. Imagino el desgaste de tanta lucha fratricida. Misal contra misal. Cada cual defendiendo intereses que son cualquier cosa menos píos. Lobos de estómagos atiborrados hasta que el cerebro olvida las razones primeras por las que se reunió al rebaño. Cardenales desquiciados con la mente en el bolsillo y la oración cada vez más lejos de las gentes. Quizás no debiste tocar los dineros, porque allí las ratas disfrutaban de su festín de privilegios ocultos bajo la púrpura soez y descreída. No debiste meter tus narices en las finanzas (qué falta hacía querer controlarlo todo?) Disparaste a lo que más dolía y la reacción fue furibunda. Y aunque nadie se atrevió esta vez con el sobrecito de polvos mortíferos, la rebelión debió herir tus buenas voluntades. No huyas. Hay tanta gente pendiente de tus gestos y palabras que es la primera vez en que la omnipresencia adquiere visos de ser real. No huyas. Actúa sin dudas. Porque tras de ti vendrá otro de esos locos con un báculo de oro tratando de separar los mares a través de las Redes. Y créeme, no están estos tiempitos frágiles para iluminados con un extra de soberbia. Queda en vos mucho de buen pastor!

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