Qué sé yo de sufrimiento o de los lugares oscuros de la mente. De familias vacías o pirañas insaciables que devoran tus bolsillos. Qué sé yo de soledades que oprimen hasta que el alma se rinde o de traiciones que te rajan el corazón y los ánimos aunque la sangre no se perciba desde fuera.Qué sé yo de fantasear con apagar las luces de repente, para siempre. Abandonar la mochila atiborrada de piedras y escapar a la carrera hasta perderse más allá del horizonte. Hay días en los que el mundo se te hace tan chiquito que te parece que estorbas, que bajarse en marcha es una buena idea. Ojalá te hubiera conocido a tiempo para decirte con cara de papanatas que siempre hay un mañana! Que los chupopteros en tus tobillos son sólo gajes del camino! Yo que he sido sparring de la parte más pendenciera de la vida, te habría dicho que aún cuando te acogotan a sopapos ilimitados puedes atisbar por el rabillo del ojo una ventana abierta a la esperanza. Nunca es fácil. Nunca es cómodo. Pero darle a quiénes nos amargan la satisfacción de la muerte me parece una victoria pírrica y no demasiado inteligente. Querido Ino, espero que al otro lado del espejo miles de espíritus hambrientos acudan en larguísimas colas a una nueva Casa Camilo!

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