Tú intervienes en todas las conversaciones con palabras como puñales, desangrando al adversario sin respeto ni empatía. No dialogas, batallas con exabruptos caníbales que todo lo devoran. Porque nada importa excepto tus verdades, inmutables como la sangre en el costado del Mesías. Yo me harté hace eones de los sabelotodo. Entiende esto: La verdad de hoy es la mentira de mañana. Y lo que hoy es locura mañana será hecho probado. Así de flexible es la historia de las cosas. Así de variable es la ciencia, cuya mayor virtud es la duda constante sobre lo que admitimos como cierto. Yo no sé prácticamente nada. Y ese es mi poder, la capacidad de cuestionarme todo desde mi ignorancia. Nada es irrefutable. Todo lo que es hoy de una manera será mañana de manera diferente. O no, porque ni esa afirmación es veraz o segura. Ahora, mírame de frente y repite conmigo desde la mente hacia el espíritu, “Vivir es dudar. La certeza no existe. Quien pontifica miente, aunque quizás sin saberlo. No creas en lo absoluto, cree en lo cambiante. Nadie es infalible. Y mucho menos los dioses.” El cerebro es la jaula del alma.

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