Repleto de humildad te digo. He viajado encorvado las secretas estrecheces de los túneles de Cu Chi. He surcado boquiabierto las aguas pobladas de Halong Bay. He orado junto a millones de murciélagos en la cueva-templo de Pura Goa Lawah. He transitado bajo la peor de las tormentas en una furgoneta sin luces por las callejuelas nocturnas de Colombo. He buceado solo junto a mantas gigantescas en el océano de cristal que rodea Saint John. He soñado despierto junto al trono olvidado de Aisin Gioro Pu Yi en la Ciudad Prohibida. He dormido con la sangre congelada en un palacio de hielo en el invierno intransigente de Jukkasjärvi. He pasado una noche interminable atrapado sin testigos en medio de un inmenso lago helado en Kajaani. He cabalgado la tundra desértica bajo la aurora boreal de Ivalo. He visto al gran blanco zamparse su merienda en una acrobacia imposible frente a las costas de Sudáfrica. He compuesto un número uno colgado entre rastafaris en las turbias cumbres de Round Hill. He contemplado olas gigantescas batirse en un duelo de espuma contra las arenas ardientes de Cabo San Lucas. He contemplado la selva cubrir las ruinas mayas desde lo alto del templo-pirámide de Chichén Itzá. Me he aventurado al atardecer sanguíneo en las inhóspitas junglas de Limón. He pedaleado sin pausa el contorno épico de Bora Bora. He disputado una velada interminable de ajedrez en una mansión blanca frente al mar de Zanzibar. He leído a Isak Dinesen descendiendo de madrugada las laderas escarpadas del cráter Ngorongoro. He visto navegar frente a mis narices barcos gigantescos alojado tras los enormes ventanales del mayor palacio otomano junto al Bósforo. He celebrado el fin de año por las calles abarrotadas de New York, Philadelphia, Estocolmo, Budapest, Capri, Londres, Amsterdam, París, San Petersburgo… Encontré el amor en las estancias inimaginables de un templo indonesio en las colinas de Bali. Han rodado mis guiones en Hollywood y han grabado mis canciones en Abbey Road. Y aún así, no temas si esta noche escuchas mi voz traducida en alaridos. Yo sigo siendo un torpe diminuto. Y el mundo nunca dejó de ser un lugar salvaje.

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