Al final de este callejón parco en esperanzas late apenas audible un corazón diminuto. Cubierto de amargura y pasiones groseras, de promesas falsas y traiciones como facas que te trinchan los adentros, torturado hasta el hastío por seres repugnantes que son tóxicos y degradan la raza. Sobre el andamiaje inestable de esta noche sin luces los faunos brincan irreverentes con piruetas arriesgadas. Salvajes las acrobacias con que tientan a la suerte, ingenua la fe con que siempre se creyeron inmunes a la muerte. Mira, si yo pudiera reescribrir la historia del mundo haría del humano una dulce criatura. Afable con las bestias. Generoso con la tierra húmeda en la que despierta cada mañana. Humilde frente a la montaña que le cobija las debilidades y los sueños querubines. Lo haría capaz de renunciar a la desidia y a las tentaciones trapaceras en las que se enreda sin malicia. Fuerte, para que de su músculo educado germinaran por doquier Arcadias refulgentes. Libre, para que no se obcecara en parcelar el planeta con fronteras ni en fomentar el odio al pigmento o a la fe a la que cada cual entrega sus causas. Capaz de arriesgarse a sí mismo por el amor verdadero. Incapaz de traicionarse otra vez por la plata. Hoy, sin embargo, le hallo el motorcito repleto de achaques. Válvulas anegadas por tanta incompetencia. Calcificadas las arterias por su avaricia desbocada. Roto el ritmo sinusal por su falta de empatía. Y me pregunto: Habrá cirujano capaz de evitar el deceso?

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s