A mí me gusta más hablar de la noche que del día. El día le pertenece a todos. La noche pertenece a cada uno. El día es un oficinista de nueve a cinco y mente cuadriculada. La noche un loco bohemio de cabeza atormentada. La noche te habla de tú, en voz baja, cual madre melosa y tierna. El día te habla de usted, a grito pelado, intentando venderte el género como una pescatera impaciente. El día es obviedad, con los focos encendidos y las cosas claras. La noche es sugerente, bajo los claroscuros de la Luna, llena de objetos y personas que se intuyen sin verse. El día es ruidoso, difícilmente escucha y jamás fomentó el diálogo entre tu corazón y tu cabeza. La noche es silenciosa, apenas interviene y te obliga a oírte aunque tú no siempre quieras. El día es un matón de porte dominante y nodales toscos. La noche es una meretriz de maneras tentadoras e intenciones oscuras. El día es una feria que apenas puede disfrutarse sin dinero. La noche es tierra de nadie donde la calderilla no es siempre bienvenida. El día es para lucir el éxito y la riqueza. La noche es para desenterrar el arte y la inspiración. El día clasifica y separa en categorías bien documentadas. La noche amalgama diferencias convirtiendo en similares las cosas más opuestas. El día es definitivamente Hombre. La noche es sin duda alguna Mujer. El día eres tú. La noche soy yo. Explícame cómo es eso posible!

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