Esta noche dicharachera de flautín y clavicordio las diablesas corretean entre risas por las ruinas de esta catedral adormecida. Fue la codicia? Fue la lengua insaciable del deseo? Todas las púrpuras cayeron en desuso mientras los Arcángeles, siempre deseosos de enrojecer sus espadas ardientes, asaltaban los palacios con una agresividad nunca vista. Hoy la hiedra reina en los altares y faunos y hadas danzan en piruetas imposibles por los claustros y los coros que ya nadie visita. Fue la absurda prepotencia de proclamarse infalible? Fue la gestión malvada del óbolo y las finanzas secretas? Yo te recuerdo acongojado por la falta de fe y la estulticia de la gente. Renegando del adorno y de la orfebrería mientras a tu alrededor la Curia lo prostituía todo. Te recuerdo desmejorado, porque tu intención de limpiar bajo las alfombras se convirtió en una tarea cuesta arriba, descomunal y desmoralizadora. Te pudieron milenios de desgobierno y destrucción masiva de las propias leyes. Nadie pecó más hondo y durante más tiempo! Abandonaste con el corazón roto, porque de veras vos pensaste que podías evitar el hundimiento. Y en esta noche de colorín y pólvora las hogueras, altísimas, queman sin descanso las tallas y reliquias de tus santos sin suerte. Si me preguntases te diría que fue la obsesión maniquea de fiscalizar las almas desde el nacimiento hasta la muerte.

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