Tú fuiste el último de mis desamores. No por imposible. Era tanto lo que pretendías darme que yo no tuve el coraje de quedarme al calor de tu vera y salí huyendo en un vuelo gallináceo que hoy me avergüenza. Era tanta y tan insultante la belleza que me ofrecías que mis ojos no tuvieron el valor de sostener tu mirada poderosa y, temerosos de una ceguera ante la ardiente luz de tus pupilas casi violetas, fundieron a negro mientras yo trotaba alejándome en una vivaracha polvareda. Qué bobalicón cobarde escapa a la carrera de la piba perfecta? Qué mentecato inmaduro emula al correcaminos frente a una faz tan espectacular como la tuya? Yo siempre fui un loco asustadizo, al que el amor con mayúsculas y consecuencias siempre le pareció un riesgo inaceptable. Yo siempre fui un flaco timorato que consideraba el amor genuino una farsa propia de películas melosas y canciones empalagosas de veinteañeros. Hoy te recuerdo desde la barrera, recuperados el oxígeno y la soledad que nunca fue castigo. Te pienso como el que rememora al miura de pitones afiladísimos preguntándose si de torear aquella tarde hubiera sido realmente la última corrida. Sé que bajo este aguacero junto a las playas de Colombo nunca obtendré respuesta. Y sé que llegará un día, no me cabe duda, en que maldeciré mi falta de cordura!

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