La vida es una carrera de relevos. Yo dependo de quién corrió antes. De mí depende quién corre después. Nadie corre solo, por más que lo pretenda. Un traspiés propio, la zancadilla torticera de quien corría junto a ti, todo afecta al resultado. Dosificar tus fuerzas con inteligencia, llegar sin aire ventoseando como un sapo al que se le agotó el resuello, todo clasifica hacia arriba o hacia abajo. Qué valioso saber que el esfuerzo, los sudores y los dolores tienen un sentido que nos supera: Córrenos para no desperdiciar la carrera de quienes corrieron antes que nosotros. Corremos para no perjudicar la carrera de quienes correrán después. Siempre conectados. Siempre vulnerables. Siempre dispuestos a dar lo mejor sean favorables o desfavorables las circunstancias en las que nos toque correr. Yo los he visto veloces como saetas y lentos como caracoles nonagenarios. Incluso los he visto parados, riéndole las gracias a las musarañas, en un picnic de desidia que afectará al global del equipo. La meta es avanzar juntos, con mayor o menor garbo, de forma fiable y segura, conquistando un futuro del que sentirnos orgullosos. Por favor, no te detengas! “Quiero ser un eslabón bueno y fuerte en la cadena de las generaciones.” Neil deGrasse Tyson

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