Yo viajo en la segunda medianoche. Allí donde las almas renunciaron al cobijo y esquivan veloces las dagas de la vida. Donde los cuerpos se atolondran en un mestizaje de flujos y berridos como si tras el amanecer la única opción fuera el olvido. Danzamos alerta bajo las farolas celestes, descontando latidos como el que consume su suerte insistiendo en la rifa. El mundo ha enloquecido. Y todos los futuros no son hoy sólo inciertos sino oscuros. Quién combatirá la incertidumbre si los mandos de las naciones están en manos de bobos charlatanes y los poderosos sólo piensan en salir volando hacia Marte cuando aquí vengan mal dadas? Yo viajo en la segunda medianoche. Allí donde los sueños son caricaturas y la realidad una losa que lo aplasta todo. Juega conmigo! -inquiere ella con ojos de muñeca, como si esta noche yo no hubiera firmado un contrato con la muerte y a partir de ahora los años no fuesen resta en vez de suma. En esta azotea húmeda desde la que contemplo las metrópolis del hombre mi sombra se parece cada vez más a la del crucificado. Juega conmigo! -insiste ella impaciente como son todas las princesas. Incapaz de ver cómo yo me desangro lentamente bajo el albor de la luna intrépida, mientras junto a mí un Arcángel hierático aguarda sonriente.

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