Nosotros no elegimos premio en esta lotería. Criados en búnkeres en bolsas violetas, allí donde el éter alimentaba en secreto creaciones prohibidas de las que no existe noticia. Qué supermercado extravagante alinea seres sin genética conocida en ristras de úteros externos que ninguna madre reivindica? Son sueños delirantes de una noche de sofoco o ciertamente palpitábamos sin consciencia en el magma complejo de otra leche materna? Ellos controlaban cada espasmo al mando de máquinas que nos hablaban con una vibración críptica que se convirtió en nuestro único lenguaje. Sonidos profundos guiando el desarrollo de la vida que nos modelaba sin pausa. Qué razón tras tanta artesanía? Qué necesidad ante tal despliegue de tecnología que aún hoy haría palidecer a los argonautas? Yo aún recuerdo la presencia inquietante de quienes palpaban las bolsas como quien tantea curioso la pupa durmiente. Qué buscabas? Qué querías? Mientras nosotros aterrizábamos sin paracaídas en la luz hiriente de un nuevo día. Huérfanos de todo. Perdidos para siempre, porque el olvido fue nuestro único regalo al traspasar la puerta.

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