Me resulta imposible entender qué gobierna la mente del petirrojo. Anclado en imperios caducos mientras su soberbia asesina sobrevuela las nubes oscuras de Europa. Qué razón política disculpa la muerte de niños bajo misiles sin consciencia? Qué ensoñación estúpida justifica masacrar civiles en pos de una victoria que causa sonrojo y horror en las televisiones del mundo. Qué necesidad de acumular poder hace solvente bombardear a personas que ayer dormían tranquilas? Dónde te quedó el juicio? No ya la moral que me consta que nunca tuviste, pero al menos la capacidad de no cruzar las líneas rojas. La guerra nunca fue cosa de uno. Hacen falta mucha condescendencia y muchos silencios cómplices para que el engranaje dé el giro definitivo hacia el exterminio. Y cuando la maquinaria se acelera, a ver quién es el bravo que detiene el galope! Yo he vivido suficientes extinciones como para no reconocer el tufo a desastre que surfea en el aire. Los tiranos, no importa en qué milenio, no llevan bien ser derrotados en prime time y suelen revolverse en una espiral final de traca delirante que no contiene reflexión ni prudencia. Un harakiri escénico que deje boquiabierta a la tropa aunque alrededor las ínfulas de conquista se derritan al calor de fuerzas solidarias. Yo que ignoro qué cantidad exacta de sandeces lleva a una nación a abrazar la locura, te aseguro que, pase lo que pase, este es el inicio de la cuesta abajo.

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