Has leído las cláusulas del viento? Has leído el contrato con la tierra? Eres un invitado en el paisaje. Como un borrón tosco y anodino molestando en la composición de la pintura. Eres un cáncer en potencia, arrastrando mil funerales por los lugares que habitas. Hay tantas maravillas rifándose tu mirada que no adviertes que en tu presencia huye despavorido el horizonte. No recuerdas la razón por la que invadiste este lugar que te es ajeno, ni el porqué te niegas a abandonar lo que no es tuyo. El vendaval te escupe amenazas malsonantes tratando de frenar tu conquista. Cómo explicarle que no abrigas violencia, que desconoces los motivos de este exilio. No deseas romper los equilibrios. Vivirías de puntillas si fuera necesario! Camuflado en el curso indómito de los ríos o ronroneando al ritmo con que se mece la hierba bajo el sol ardiente del estío. Llegaste sin armas, sin insultos, sin ira acumulada. Llegaste ignorante de la belleza que aguardaba, roto por una lucha que apenas recuerdas, con los cariños amputados y la suerte sin estreno. Ahora yaces panza arriba entre girasoles, contemplando el devenir de las esferas. Humilde frente al lobo y la gaviota, sin galones que empujen la soberbia, tratando de acomodar a tu pulsión los latidos que surgieron de repente. Cuando se encienden las candelas en la garganta celeste te sientas sobre las cumbres del planeta, incapaz de comprender qué empujará a tu prole a destruir todo cuanto ves.

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