Y si lo que escribo tuviera motivo? Y si las palabras no estuvieran vacías y andaran preñadas de significado más allá de mi extravío? Y si tras cada relato existiera una respuesta, sin importar la métrica o la estética o la fanfarria que lo acompaña? Yo habito en los claroscuros del hipogeo, donde los navíos varados se amontonan en desuso, donde en el frío subterráneo la carne resiste al gusano. Nadie late. Nadie se oxida. Sólo una retahíla anónima de cadáveres en una melé cercana al esperpento. Y aún aquí las frases se amontonan sin pausa digerible. En un festín pantagruélico que no sólo incomoda a estos fiambres. Yo que limito con la estupidez y la falta de tino, le hablo al superviviente con la voz queda de los secretos, para contarle que de noche en las azoteas los arcángeles aún no nos hallan sentido y que, extendidas sus alas sobre vulgares neones, saborean la posibilidad de librar al mundo de nuestras correas. En la más soberbia de las tempestades, a merced de catenarias desbandadas, allí donde las musas lamentan su abandono, yo recuerdo con ternura todas las batallas. Libre de enjuiciar al hombre por tan pésimas decisiones. Libre de prologar su caída ahora que todas las saetas llevan escrito su nombre.

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