Y yo te digo, si quieres escucharme, que vivir es un oficio embrutecido, la odisea innecesaria de un mono ególatra. Un viaje del árbol a la tierra, banal y sin motivo, que causó al planeta un estremecimiento incómodo, como de mal augurio ante tanta altanería. Y yo te digo, con mis pies como raíces hundidos en el magma primigenio, que el brincar por la planicie en pos de un horizonte nuevo se hizo una ocupación irresistible. Y de ahí a la tribu, a la reyerta, a los clanes, a las guerras, al lenguaje, a los reinos, a las religiones, a querer dominar el mundo como si este primate engominado fuera digno de tal gloria. Siempre malmetiendo con porte salvaje, porque las voces de la jungla nunca le abandonaron. Hoy, millones de años después de empezar la aventura, varado en un mar de sangre y artillería, devastados los campos en eriales infinitos, parcelado el planeta en un puzzle agónico, el mico levanta la mirada al cielo. No sé si buscando a los padres que lo abandonaron o sólo por supervivencia. Y construye pomposos navíos de hojalata que lo lleven en un ataque de euforia más allá de la última frontera. Y yo te digo, si aún te queda paciencia, que nadie tiene más agallas que este simio revolucionario!

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