Vivimos una época oscura, hiper conectada hasta la degradación de la persona que incapaz de razonar la verdad de la mentira sobrevive sujeta a la volatilidad de iluminados sin escrúpulos. Toda la prole, desde el filósofo hasta el cretino más obtuso, vociferan en las redes consignas que viajan a la velocidad de la luz, jaleados por sus pares con un entusiasmo que agota. El mundo está enfermo. Dilapidado por mentes obscenas cuya avaricia lo devasta todo, de lo grande a lo pequeño. Se denosta al individuo para enaltecer la masa, cuando la historia enseña que siempre han sido hombres y mujeres en singular quienes dieron cuerda a las civilizaciones! Vivimos hacinados sin gratitud ni empatía. En medio de una multitud agitando sin tregua el cascabel del descontento. Una marabunta efervescente arrasando las buenas formas, blandiendo pancartas que hieren y separan, sin más argumento que el grito y el insulto. Hoy somos una raza cuyo máximo empeño es jugar con la extinción. Y esa es una certeza indiscutible. Yo ya no reconozco lo que veo y me harta que la educación se haya convertido en lujo. Y la compasión en una anomalía.

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