Yo reclamo la luz en el alma gutural de los depredadores. Yo reclamo la luz sobre el rostro embrutecido de los maltratadores. Yo reclamo la luz en lo más hondo de los bosques donde la emboscada es fácil y el asesino impune. Yo reclamo la luz sobre la porción oscura de la Historia trufada de maravillas que las enciclopedias nos obviaron. Pero el hombre no tiene luz que le cobije, huérfano como está entre tanta artillería. Secuestrado en una habitación que huele a pedo y a halitosis. Incapaz de prender de nuevo la ilusión que ayer ardía. Tú me miras con pupilas como agujeros negros que todo lo absorben, demandando enojada la sumisión de mis ejércitos antes de arrasar sin compasión alguna este campo de batalla. Tú lates con bravura en la tiniebla y no concedes tregua por más que yo sangre en mares tan profundos como mis errores. Sólo las palabras me mantienen aferrado al mundo en estos tiempos convulsos en los que soy extranjero, carente de vínculos o ancla. Descartada ya la creencia de un nuevo día donde la amargura sea un recuerdo que se desvanece. Yo reclamo la luz sobre el futuro desnutrido de los niños. Yo reclamo la luz en el manejo obtuso de nuestros ancianos. Yo reclamo la luz sobre la deriva truculenta de los que nos gobiernan. Yo reclamo la luz para el instante soberbio en el que tu piel erizada orgasma al contacto sin dobleces de mi corazón rendido.

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