Yo os veo a vos como un misterio regordete. Como una voz de largas pausas columpiándose en el rumor otoñal de estos jardines. Como un filósofo de andar por casa capaz de enjuiciar el universo en pantuflas desde un sillón maltrecho. Profundo como la mirada del amor primero. Lejano como el horizonte que jamás se atrapa. Yo os veo a vos repantigado frente a un ventanuco que enmarca un mundo malherido. Escuchando los cotorreos con que la brisa os regala las orejas de soplillo cada tarde o el vocerío chulesco de las tormentas que explotan en pedorretas y pedernales tras caer la noche. Roto como los portones de un casoplón abandonado. Solo como una lápida que nadie recuerda. Yo os veo a vos con la sonrisa de rufián de un gato enfurruñado. Harto de tanta carantoña hipócrita de quienes pensaron que la edad os hizo menos peligroso. -Que los jodan a todos! -gritás enojado como un niño, ni que sea para escuchar tu voz en rebeldía. Luego, cuando vos creéis que nadie os mira, levantáis con pereza la mirada más allá del azul torpe que decora los techos del mundo. Escudriñando ahí arriba con una sonrisa la llegada del cometa.

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