Te aguardo en la Planta 13. Allí donde nadie se recupera sino que se apaga con o sin ayuda, porque la Medicina es impaciente con los cuerpos desgastados y un octogenario ya no recibe esperanzas sino el consuelo mortal de la morfina y una falta de cuidados que suena casi a asesinato. Me siento a esperar en un pasillo, traslúcido para evitar malentendidos, mientras gente inexperta y prepotente decide sin empatía alguna el destino de nuestros familiares. Así es el mundo que no concibe una última ternura ni el cariño y respeto que merecen los ancianos. La maquinaria averiada, si es decrépita, molesta sobremanera y cualquier esfuerzo por recuperarla le parece al borrego de bata blanca un malgasto de su sabiduría. Veo a mayores morir por decisión ajena, porque con las prisas que adornan cada día quién puede sacar tiempo para dedicarlo a quienes nos cuidaron de pequeños? Yo no soy nadie para juzgar al prójimo, pero me chirría tanta vagancia y falta real de compromiso. Cuando las almas desfilan aún confusas, despojadas por fin de su burda anatomía, yo casi me fracturo las alas queriendo cobijar hasta el límite el éter tembloroso que las mueve. Ojalá aprendamos pronto que nacimiento y muerte son celebraciones parecidas! Que llegar y marcharse requiere de igual dulzura! Que la mirada desprotegida del bebé y del abuelo esconden si lo encuentras el mismo secreto!

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