Solo. Como el postrer dinosaurio tras el desplome del cometa. Como la noche rendida al llanto de los amotinados. Como la última garganta en un bar de madrugada, cuando el alcohol ya no es antídoto y la luz duele como una faca en el costado. Como el hombre anónimo al que la vida golpea con sadismo el rostro amoratado. Solo. Como el beso sin respuesta al familiar fallecido. Como la mirada fija en el amor que se aleja sin volteo. Como el útero enamorado de un bebé muerto. Como una lágrima en pleno slalom sin pulgar que la detenga. Como el niño lleno de preguntas aguardando al padre fugado para siempre. Así estoy yo. Solo entre la rendición y la monotonía. Incapaz de fajar tanta paliza, mientras los buitres revolotean impacientes. Despojado de lustres y buenas nuevas en una espiral de malas suertes y días de tormenta. Agotado el ajuar y la sabiduría mientras a mi alrededor trotan pazguatos sin otro objetivo que la supervivencia. Solo. Como el último Comanche al que le hurtaron la tierra. Como el último Aborigen esclavizado entre herejes. Si no fuera por el calor de tu mirada de poeta cesaría el equilibrio hasta caer del alambre. La muerte, no me cabe duda, es olvidar que fuiste niño.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s