Qué estúpido el hombre guiado por ciegos generales con el cerebro de un cacahuete. Cadorna, Romanov, Hindenburg, Haig, Ludendorff. Cobardes sin empatía que en opíparas comidas envían a sus hombres a la muerte, diezmando a toda una generación que se vio obligada a vivir en permanente idilio con la masacre. Viviendo en trincheras purulentas, infestadas de ratas, donde la carne se pudre o explota repentinamente en pedazos y el futuro ya no es una opción para nadie. Avanzando en campo abierto en una lotería suicida, con el deseo irracional de que la próxima bala no lleve escrito tu nombre o de que un ángel bondadoso guíe cada paso hasta la línea enemiga. Soldados inexpertos arrebatados a la suerte. Que en lo más surrealista de la contienda han visto desdibujarse en su mente los rostros de sus seres queridos, alienados quizás por las imágenes de cadáveres destrozados de niños y mujeres como los que aguardan en casa. Perdiendo la identidad para ser sólo un número que se une al recuento de bajas, abandonados sobre la arena de una playa o desmembrados en un campo de batalla, nadando en sangre inocente que hoy anega la tierra desolada. La patria. El líder. Palabras vacías que el insensato rellena de odio y de furia asesina para que tropas de bobos sin iniciativa se inmolen orgullosos al son triunfal de las cornetas. De que sirven millones de vidas mutiladas si al final de la contienda la única victoria es haberse desangrado un poquito menos que el adversario?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s