Si me fuera de repente sólo quedaría mi sombra confusa adherida al suelo, incapaz de deslizarse más allá de mis zapatos. Una versión plana y átona de mí mismo acostumbrada a corretear sin complejos por paredes y caminos como si tuviera vida propia. Permanecería boquiabierta y sin matices, buscando en mi cuerpo agotado un movimiento que la empuje de nuevo a la aventura. Sola sobre el asfalto como un juguete roto. Pegada a tierra como un ancla que nos sostiene en la zozobra. Incapaz de pirueta alguna ahora que el motor se ha averiado. Qué es la sombra sino un resumen sucinto y silencioso del alma. Inmaterial. Sin detalles superfluos ni exóticos adornos que desvíen la mirada. Una síntesis que no necesita dimensiones. La esencia de lo que somos si tuviéramos el valor de obviar las florituras. Si me fuera de repente le diría Corre! Huye! y la liberaría de nuestra absurda dependencia. La vería coger carrerilla en un sprint atropellado mientras de reojo certifica incrédula que nos hemos divorciado para siempre. Qué extraño verla independiente y sin ataduras. Una sombra emancipada que regateó al cadaver al que vivía adosada. Libre por fin de cadenas como Kunta Kinte desatado!

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