Si yo pudiera, rendiría a tus pies todos los misiles, todas las rosas de lapislázuli, todos los besos hurtados a pibitas núbiles que despiertan al mundo con ojos asombrados. Te llevaría en volandas por las callejuelas alegres del verano, para que tu melena ondee libre al viento hasta alcanzar la playa. Inundaría los pueblos con tu risa de bandoneón, mientras el atardecer malherido se desangra a lo lejos tiñendo de hematíes las montañas de Capri. Si yo pudiera, descabalgaría de un bufido a los sátrapas del mundo para rendir a tus pies las naciones todas, tan necesitadas de amor y de cordura después de tanto desatino. Descosería una a una las fronteras para que las gentes no hallen límites en los caminos que llevan a tu regazo, en una procesión jocosa de saltimbanquis y malabaristas de lo cotidiano. Yo, que te confieso que añoro la luz pusilánime y beoda de las farolas a medianoche. Que despierto sobresaltado al ritmo pendenciero de los martillazos con los que el hombre construye nuevas máquinas de guerra. Yo, que no soy yo sino cualquier otro que pasando por ahí me hurtó el password y los disfraces para endulzarte la noche con mi sexo. Yo, cesaría ipso-facto todas las guerras que nos acorralan izando desde mi corazón una bandera blanca sin complejos. Para que con voz de seda y furia le grites a la humanidad que a partir de hoy los niños y los abuelos van contigo.

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