Sobrevivo al alisio ingobernable igual que el bambú se finge dócil frente a la tormenta. Todo pasa. Desde el tiempo que te acuchilla sin pudor, hasta la gloria efímera que te confunde. Desde el sentimiento exacerbado que te atenaza el estomago, hasta el hastío que te pudre por dentro. Rujo el encierro injusto contra estos barrotes de acero que me mantienen preso. Yo que dominé las junglas donde mis colmillos fueron ley y condena. Acaso ya no soy más que chatarra abandonada al soporífero desfilar de estos días agónicos? Acaso ya no existe aventura que obligue a la zozobra a este bajel al que la mar acaricia la tripa mansamente? Desempolvo instantes y rostros olvidados como un moribundo añora el primer llanto. Roto el ronzal todo es galope desfogado por entre bosques que sólo se recorren en los sueños. Nada nos devolverá las primeras correrías, donde con ojos atómicos cabalgábamos a pelo jornadas rebeldes regalando la inocencia. O surcábamos impunes aguas tan profundas que hasta el kraken se extrañaba de nuestra presencia. Junto a la lumbre febril, pasadas las horas mozas, regurgitamos historias que nadie creería posibles. La noche nos abastece de luto y tinieblas. El corazón siempre cicatriza.

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