Te busco en los lugares húmedos del inframundo, hidratados como una vagina supurando deseo en una noche tormentosa. Mirando con pupilas desbordadas el falo de un dragón enardecido que vomita al unísono fuego y poesía. Tú que fuiste otrora la gran encantadora yaces hoy extasiada bajo el pálpito salvaje de la última bestia. Quién sabe si engendrarás al hombre definitivo, mitad miel, mitad llama. Y yo te busco con la urgencia de los arrepentidos, con el fervor del convertido un segundo antes del Apocalipsis. En lo más profundo del océano nocturno, cabalgando corrientes abisales que no hallan límite entre los acantilados. Eléctrica como un corazón nitroso disparado en el orgasmo, cuando la consciencia cede su trono al alma en celo y se desnudan las máscaras. Porque todo en ti es una pulsión desvergonzada que asalta los altares con sonrisa maquiavélica, desmelenada la cabellera rojiza y tus ojos turquesa que no conocen fondo. No tengo esperanzas de hallarte, fugada como estás de todo mapa o GPS. Transparente en los paisajes que te camuflan para que ningún otro estúpido como yo pueda volver a herirte. Y aún así mi necesidad de ti es inabarcable, porque en esta mamarrachada que transito eres la única luz que da sentido al viaje.

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