Bajo la luz inhabitada de un asteroide peregrino las almas de los argonautas no hallan consuelo. Nada está vacío. Nada permanece inmóvil. El tiempo es una patraña que nos elude. Disimulado en la colmena contemplo cómo el estío explota salvaje en todos los parterres, mientras pétalos multicolores florecen por doquier en salvas que sólo las hadas celebran. Ella pregunta curiosa en qué momento se nos olvidó la poesía, en qué momento perdimos alas y memoria. Qué sé yo de las cosas de los hombres! A la sombra del mangle, junto al reflejo perla de estas aguas cristalinas, se atusan los corales en colores de fiesta. Hierven las azoteas y las calvas como sartenes. Todo revienta en un éxtasis de savia nueva, como si la vida se abriera paso a cañonazos tras el prolongado bostezo de un invierno helado. Ya no somos niños y aún así correteamos cual pilluelos por las callejuelas en sombras de la medianoche, siempre dispuestos a una última trapacería, ávidos de las cosas que se aprenden cuando el sol dormita. Arropados por el brillo del satélite asaltamos entre risotadas la capilla en la que languidecen los santos. Aliñados por sudores y con las rodillas torturadas le sonreímos displicentes al Apóstol, pícaros y voraces porque se nos dijo que la vida sólo la disfrutan los rebeldes. Cuando la madrugada se despereza cerramos el párpado y el ingenio hasta la próxima jornada, atentos a cómo el mundo cruje en grietas cuya profundidad nadie vaticina. Nosotros buscamos cobijo ante la explosión que aguarda, cuando todas las tribus se rebelen por fin ante la tiranía.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s