Caminamos por las calles rehenes de la indiferencia. Niños tristes que perdieron la sombra bajo el yugo de vuestras maldades. Exageradamente solos en el retablo febril de los acontecimientos. Empapados por la lluvia que ahoga nuestras voces y todos los silencios. Conscientes de que no hay galeón que cruce frente a la luna esta noche. Nuestros ojos son farolas iluminando callejones siniestros, allí donde la infancia nunca debería hallar cobijo, acosados por adultos cuya incompetencia nos conduce al desastre. Somos herederos de una generación obtusa incapaz de proteger el futuro. Necios con ínfulas arrasando las bondades del planeta. En el mapa de nuestro desconsuelo las fronteras son muros que no nos reconocen, la tierra un solo camposanto y las gentes mercenarios al mejor postor por cuatro algarrobas. En la locura a que nos obligan danzamos nuestra inocencia. Desnudos bajo esta tempestad que no cesa de bramar adjetivos que nos hieren, enjaezados con la ingenuidad de las víctimas mientras le recitamos al alba poemas que a nadie importan. Surcamos las aguas con las metrópolis reflejadas en el rostro, en muecas y ademanes que todo lo envenenan, buscando un lugar en el que aún no reine la muerte. Abandonados como retales en una velada oscura, sin rumbo claro en la estela de los mares. Si nos ves a lo lejos no nos huyas. Alguien en esta opereta debería ser amable con nosotros. Porque cargamos sobre nuestros hombros el peso abominable de todos vuestros errores.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s