Te hablo desde el sótano del mundo. Arrojado al lodo por mi falta de pericia para sortear las trampas de la vida. Quebradas las alas que ayer sobrevolaban continentes y que hoy yacen desplumadas como gallina vieja. Te hablo desde una esquina oscura al resguardo de rufianes, purgando sin queja la bestia homicida bajo la alfombra de la conciencia. Te hablo sin esperanza, porque nada queda del futuro que nos prometieron ni del yo que de pequeño dibujaba. Te hablo sin el miedo a la pérdida o a la despedida. Porque he levado toda ancla que me retenía en tierra y navego la tormenta sin ansia de puerto o de cobijo. Solo entre los espectros del pasado que contemplan jocosos mi deriva. Entregado a la galerna que todo lo dispersa. Te hablo con la retórica parca del rendido, cesado el orgullo y la palabrería, porque viajo sin ajuar por las tinieblas sin nada que defender de un nuevo atraco. En los sudores del verano todo es agonía. Hasta los campos de girasoles me han dado la espalda.

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