Me encontrarás arrodillado entre la hambruna que asola campos y ciudades. Replegadas las alas ante la falta de cordura del fuego enemigo. Me hallarás recogiendo las semillas huérfanas que atestan los eriales porque, en su desconsuelo, la tierra ya no halla gozo en la labranza. Me verás lastrado por la épica del llanto que me inunda las pupilas, como un océano rebelde que engulle goletas y galeones con una voracidad que asusta. Triste entre las almas despeñadas en esta barbarie que no cesa, ahora que la bestia se ha apoderado de los arsenales. Me encontrarás malherido bajo un sol que todo lo cuece, como si está tierra cuarteada fuera sartén y yo panceta alada. Abrasada toda resistencia. Rendidos todos los pendones que ayer bramaban guerra. Decepcionado, porque la agonía del planeta sólo se curará con nuestra despedida. Me encontrarás feroz entre rosales con espinas como dagas, decidido a noquear a tanto bobalicón apoltronado al frente de naciones. Desplegadas las extremidades bajo este amanecer bañado en sangre. Extinguida la piedad que ya no es virtud tras tanta barricada. Colérica la tizona obsequiando agures mientras ruedan cabezas de mirada incrédula por los largos pasillos que llevan al mañana. Desbrozando la Humanidad de tanto criminal enmascarado. Porque nadie le dio una oportunidad a estas gentes que apenas sobreviven hacinadas entre la mugre y las ruinas. Porque los niños del mundo ya no tienen quien los defienda del abandono y el maltrato. Y tú me dirás “Qué linda coreografía para pasar la noche!”

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