La piedra apocalíptica sobre la que el cincel divino teje a golpes la telaraña de la historia. La piedra de la que emergen las facciones de los santos que adornan las iglesias. La piedra que reta al cielo aupada por el ego descomunal de las catedrales. La piedra sin llave cuyos jeroglíficos antiquísimos hoy nadie descifra. La piedra artúrica sobre la que construir una leyenda. La piedra cruel ungida por la sangre de mil sacrificios. La piedra sin perdón que yace en las mazmorras de los torreones. La piedra que hizo del sol y las estrellas geometría sagrada con la que medir el ritmo de las cosas. La piedra que sella el reposo que separa la vida de la muerte. La piedra que se hundió en un mar de maravillas y anhela recuperar su lugar en el discurrir de las enciclopedias. La piedra que no es piedra pero es el inicio de la filosofía. Míranos. Caminamos sobre piedra, por entre piedra, a través de la piedra que es fin y principio. Nos cobijamos bajo piedra y bajo piedra yacemos -esclavos o reyes- al final del recorrido. Cargamos piedras, tropezamos con piedras, lanzamos piedras, escalamos piedras. Construimos con piedras lo que, por más que perseveremos, nunca será eterno. Y en una pequeña piedra, llegada la hora, inscribimos nuestro nombre solitario en un intento banal por zafarnos del olvido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s