Saltas al vacío huyendo de ti mismo. Corriendo hacia la muerte sin escrúpulos. Obviando un contrato de miedo y dolor ahora que la vida pesa demasiado. Saltas con la certeza de no faltar a la cita; voraz por abandonar la cáscara que te pudre el alma con obligaciones que ya no reconoces tuyas; rendido al mundo que no te dio tregua ni supo convencerte de que la esperanza era un aliado. Qué sé yo de no soportar más el oxígeno y los calendarios?! Qué sé de resistir lo que te quiebra por dentro hasta que te mueves hecho añicos por entre gente que no ayuda?! Qué sé de abandonarte a una historia nueva que quizás ni exista ni esperes?! Saltas a una incógnita que se antoja soportable, porque el mundo endurecido ya no te acoge con sus gestos. Saltas porque el futuro ha perdido todo el crédito; sin más equipaje que la angustia adolescente por terminar la partida. Me pregunto si quisiste volar en la ultima milésima: remontar la obstinación de la caída y proclamarte gaviota enamorada! Quizá en el picado se te agrió la aventura y el furor por cambiar de traje, tan cerca el suelo y el crujir de huesos! Quizá mientras salpicabas la acera común de los que se quedan te preguntaste el destino real de los que renuncian! Saltas para recuperar el mando de un último latido; para que quede constancia que aún eres tú quien decide. Saltas porque la humillación no tiene límites; porque el desamor y la pobreza son obuses a los que no se sobrevive; atrapado contra las cuerdas como un pelele, mientras los poderosos te revientan el hígado a patadas. Y qué sé yo de tropezar en todos los obstáculos, viajando a empellones de un día a otro sin que la noche se haga paréntesis?! Qué sé yo del desertar de los sueños cuando la realidad te amputa la fe en no sucumbir a la paliza?! Qué sé yo de la dignidad perdida, del andar cabizbajo ungido de vergüenza mientras otros sueñan con conquistar el mundo en un chasquido?! Apenas perceptible en la evasión, se evapora en el descenso tu presencia; hurtada a los flashes y a la fama efímera la rapidez de tu pirueta; sin plegarias ni llantos que arropen el cuerpo sin alma que dejas en prenda. Saltas porque a veces la vida nos apaga el corazón antes de que lo reclame la muerte. Y caes como un grito rebelde entre el silencio de los que jamás escuchan.

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