Soy la voz del viento que coreografía el sinuoso cimbrear de los manglares. Sin otra esclavitud que la que tú me impones y yo acepto a regañadientes mientras rocas ígneas surfean la bóveda oscura sobre nuestras cabezas. Se avecina una tempestad de intestino revuelto, pergeñada en la fragua de este Atlántico pendenciero al que no le importa amedrentar la tierra con húmedas bravatas. Ay si don José o don Ángel pudieran hoy reconocer boquiabiertos el paisaje de su hogar vencido! Ay si al calor de estos despojos doña Purificación y doña Digna contemplaran sin resuello el agravio infringido al lugar que más amaban! Quién pertrechó tamaña tropelía derribando de un rebuzno los muros gloriosos de su Arcadia portentosa? Quién afanó con vulgar rapacería los tesoros incalculables que amasaron sus moradores? Quién expolió sin un ápice de cortesía cada rincón de un palacio que hacía palidecer las mansiones del planeta? Ni Francis Drake fue tan inmisericorde en arribar a La Erizana! Yo, fan de tiempos lejanos, añoro las piedras franciscanas que sustentaron su historia, las maderas y la marquetería de Cuba y Brasil que alfombraron por doquier el sin fin de sus salones, los tapices gigantescos vistiendo paredes casi infinitas, las armas medievales de oscuro recuerdo, las cerámicas valiosísimas, la caoba hecha arte, los jardines que miraban sin sonrojo a Versalles… En la nostalgia que me amortaja, podría asegurar que el magno turíbulo se balancea de luto por un Monterreal hurtado por estúpidos y bellacos a la historia de nuestros hijos!

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