“Yo soy la voz con la que se viste el viento.“ exclama prendida de un almendro mientras a nuestro alrededor las almas se cuecen en la sartén de Agosto. Sudan las sombras al mediodía, como si no existiera oasis que apacigüe el fuego que nos dora hasta el pensamiento. Hay una bruma obesa arrastrándose por el paisaje como fruto del hervor que todo lo conjuga. Yo me derrito en las esquinas, tratando de zafarme inútilmente de esta tarde empalagosa empeñada en adherirse a la epidermis hasta hacer del cuerpo un charco. Ella, inmune a los sofocos, baila cual gitana en éxtasis taconeando por calles desiertas. Es tal su algarabía que hasta el eco se sorprende del barullo con que se mueve. Entonces se detiene. Con esa pose salvaje de corsario que hiela la sangre y se agradece. Sus ojos chocan con los míos en un estropicio de bravatas en silencio. Malherido en la refriega yo aguanto el calibre descomunal de su mirada. He aprendido que bajar la cabeza en su presencia es una invitación entusiasta al degüello. A la espera de una brisa que modere el soplete celeste, marchamos de la mano, ella y yo, en pos del frío invierno.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s