Te veo en jarras plantándole cara a la muerte, como en la portada de un cómic destinado a ser inolvidable. Dispuesta a noquear el virus aunque en el empeño te vaya la vida. Te veo rebelándote ante el ahogo que extingue a tus mayores. Falta a menudo de la protección imprescindible. Luchando sin sueño y con medios de opereta para que los octogenarios del mundo sobrevivan a la pandemia. Te veo agotando todas las fuerzas, todos los miedos, como si el propio Stan Lee te hubiera dibujado la figura. Heroica sin cámaras que perpetúen tus hazañas. Testaruda aunque la guadaña te venza con demasiada frecuencia. Nadie escribirá el mérito de tus batallas, pero si salimos de esta será por tu valor y tu ternura! No tienes rostro que se reconozca. Y aún así, cada tarde a las ocho son tuyos todos los balcones. Yo que siempre tuve un verbo agrio para con la Medicina, me saco el sombrero genuflexo ante tanta valentía. Nadie, repito, nadie te pagará el esfuerzo que hoy nos regalas. Sólo nuestras pupilas llorosas y agradecidas reconfortarán tu nombre.

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