Yo te escribo por necesidad, no por ambición. A ti, lleno de lugares sin almíbar. Amenazado por las facciones horrorosas del mañana ahora que al futuro se le frunció el ceño y se le puso cara de enemigo. Yo le escribo al hombre atrincherado, huérfano de garantías, en el que no reparan plumas ni pinceles mientras la vida le chorrea alma abajo en un desangrarse que es letal y no es noticia. Yo conozco la angustia como fauces bajo los pies del menesteroso, la desprotección que invade a quien anda sin recursos la senda implacable del cada día, contando el calendario como un reo frente a la soga mientras el parné se diluye como un suspiro al viento. Yo te escribo porque no soy inmune, porque la suerte es un tahúr caprichoso y la muerte un bálsamo que jamás aparece cuando debería, porque los recuerdos son metralla alojada entre las vísceras y los amores desfiladeros profundos que no curan. Yo le escribo al inocente, cautivo entre el fuego cruzado de los que no lloran, sorteando las alimañas que se alimentan de su falta de malicia. Asqueado por la ausencia de empatía. Quebrado en esta noche de polichinelas. “Estamos en la época del hombre mediocre. Es un hombre estúpido, descolorido, fastidioso, pero inevitablemente victorioso.” (Trevanian)

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