Malviven en un barco entre puertos hostiles. Rifados como tóxicos por políticos cuya estupidez es su estandarte y su orgullo. Preñados de esperanza por una vida nueva que les arde y les quema los bolsillos vacíos, mientras las poltronas de los países miran sin rubor hacia otro lado. Yo soy culpable de mi inacción consentida, mientras los veo rebotar de costa en costa sin atisbo de fortuna. Son hombres, mujeres y niños que podrían ser tú mismo. Escualidos y temerosos de que el mundo les dé la espalda. A bordo de un crucero macabro por mares que no terminan, porque en tierra los acomodados rehuyen todas las responsabilidades. Morirán hacinados en bodegas malolientes, anhelando una vida que nosotros les negamos. Naufragarán en botes y barcazas, a escasos metros de las playas, como si nuestro paraíso de mierda no tuviera metros libres para darles un futuro! A veces me avergüenzo de lo que hemos construido. En dónde está escrito que este mundo en sus orígenes viniera fracturado por fronteras? Quién dijo que para dar asilo al necesitado hubiera que convocar mil reuniones que nunca prosperan? Quizás un día se girará la tortilla y seamos nosotros los defenestrados. Con qué cara miraremos a quienes ayer repudiamos si nos tienden su mano como a hermanos?

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