Veo ángeles negros frente a las puertas de todas las iglesias. Con mirada de lunes y gesto severo. Anunciando el luto que nadie reconoce. Bravos como pocos. Armados de amor y de justicia impulsando la tizona sin atender a excusas. Tensas las alas brillantes como soles. Pero oscuro el ánimo cuando el exterminio es una posibilidad sobre el tablero. Vivimos tiempos sin sosiego. Donde el vecino del buenos días puede ser un fanático de las huríes que se explosiona sonriente a nuestro paso. Donde el oficinista de al lado empuña un Kalashnikov en el supermercado porque el ratio de hispanos le irrita el ánimo. Yo apenas encuentro razones para la supervivencia, porque de todos los rincones surgen descerebrados con ansias homicidas. Veo ángeles negros con ojos como mares. Vibrando inquietos entre las esferas mientras se les rompe la paciencia con nuestras atrocidades. Ígneos hasta lo atómico, no ven solución a tanto despropósito mientras sus empuñaduras reclaman desahogo. Yo cierro los ojos para obviar sus estampas imponentes abalanzarse contra el mundo. Apenas un segundo de precisión quirúrgica y sus sables de luz decapitan toda esperanza. Los tronos vacíos no nos echarán de menos.

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