Me leerás pasado el Apocalipsis. Roto entre cuerpos desgarbados que hoy son marionetas de torpe bailoteo y ayer vociferaban en falso desde los áticos del mundo. Me leerás entre los humos de la última catástrofe, inhalando vahos de azufre y trementina. Mientras la humanidad se recompone sin apenas garantías sobre este paisaje pueril y desolado. Me leerás salpicado por la sangre de extraños. Asombrado de que pueda comprender tus padeceres, como si el siglo que nos separa no fuera una arritmia breve en este tiempo elástico. Me leerás en voz alta, para que el eco de lo que digo haga mella en las almas averiadas de quienes siguen tus pasos. Me leerás bajito, en los días turbios en que la civilización se recupera con esfuerzo, ahogada por el recuerdo de su propia locura. Me leerás en las noches ardientes, en las noches heladas. Entre sudores y temblores mientras construyes nuevas catedrales que han de disputarle la esperanza al horizonte. Me leerás porque el mañana es una incógnita que estruja los corazones. Porque sólo estas palabras parecerán dar sentido a la gesta que os aguarda. Entonando frases como salmos en una liturgia que nunca tuve prevista. Como si las frases fueran un maná urgente con que alimentar la tropa que se multiplica. Sabes qué te digo? Ojalá lo que escribo tuviera algún sentido!

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