Con tu mirada patricia me escribes las palabras más bellas sobre mi pecho en llamas. Yo ardo en los placeres de tu cuerpo incendiario, como si tu piel fuera brasa que todo lo calcina y yo paja seca proclive a morir carbonizado. Tú, desnuda en un balcón sobre las playas turquesa de Cancún, zarandeas tus curvas de infarto al ritmo de la batucada que fluye por tus venas. Yo, desamparado e indefenso frente a tanta artillería, izo una bandera blanca que nos permita la tregua. Temo poseerte porque todo en ti es bronco y pendenciero, aunque tu rostro veinteañero sea capaz de provocar diabetes. Yo estoy acostumbrado a visitar los lugares de los que la gente huye. Los callejones inhóspitos donde reina la bruma y se respira el aliento fétido de la muerte. Los países despoblados a la fuerza, destruidos hasta la raíz por la locura ególatra del tirano. O tu corazón plagado de alambradas y espinos, donde la mamba aguarda furiosa cualquier gesto de ternura. Cuando el atardecer se sonroja frente a tus carnes sin censura tú tomas mi mano decidida, jalándome al infierno. Hay tanta pasión en tus ojos vivaces de princesa que yo corro jocoso por tu campo de minas encomendándome a la suerte. En lo más profundo de la noche tu ahogo y mi locura danzan abrazados como si no hubiera mañana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s