Sentado sobre este cumulonimbus tintado en sangre y llamas, te escucho privado de mis alas y de toda respuesta, como el bergantín al que la mar acuna en un sopor que lo mantiene preso. Quién fui ya no tiene importancia. Los textos sagrados de los serafines obviaron mi nombre. Hoy vivo en las azoteas de vuestras metrópolis acechando las formas groseras con las que aniquiláis el mundo. Os veo delinquir contra leyes sagradas, como primates alborotados bajo el clamor de la tormenta. Azuzando lo demoníaco en vuestro espíritu voluble. Olvidada la luz y la custodia con que se os honró en el pasado. Yo siento empatía por el terror que os cuece desde dentro, por esa visión apocalíptica que os conduce con el sexo erecto o húmedo, sin pausa hasta la muerte. Yo que crecí tentando la elasticidad del tiempo, comprendo ahora el desasosiego ante esa cita ineludible con la Parca. Por eso vivo en el cobijo de la noche, entreverado con sombras que esconden a tus ojos mi presencia. Consciente del muñón y de la gloria extinguida. De la inmortalidad que me usurparon arcángeles corruptos al servicio del tirano. Quizás un día, si despierto malhumorado, asalte el cielo tizona en mano al modo antiguo de los viejos kamikazes. Regalando sablazos a todos mis hermanos hasta que las arpas estúpidas cesen su cacofonía. Después, una por una, derrumbaré sin piedad las catedrales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s