Mírame. Erguido frente a voces caníbales que escupen mi nombre. Desplumado como una gallina entre el cielo y el infierno, mientras las huestes hostiles celebran la rendición de los arcángeles. Mírame. Enrabietado como pocos. Con mis alas incendiadas como piras fúnebres en la vorágine del exterminio, porque un ególatra decidió sin reflexiones que yo comandara todas sus derrotas. Solo en la azotea de los abandonados. Sangrando entre nubarrones granas que ocultan esta masacre fratricida que a nadie enorgullece. Mírame. Bajo esta lluvia que apaga los fuegos del hombre pero no consigue doblegar la llama descomunal que me consume. Anegado en lágrimas porque una vez incardinados en esta lucha sin tregua la paz dejó de ser la alternativa. Mírame. Mirándote perplejo desde el otro extremo de la marabunta. Exiliado de los nueve de un sablazo flamígero porque me harté de vivir arrodillado. Vacío de intenciones porque nadie me instruyó cómo afrontar la muerte ahora que la eternidad me ha sido arrebatada de cuajo. Yo no elegí esta suerte. Ni deambular amputado por los callejones en tinieblas del alma. Yo no elegí la rebeldía, me nació de tanto ver el trono al servicio de un loco y de sus injusticias!

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