Me lanzas un beso que me hincha de ternura. Como si tus labios rojos de amapola pudieran zampárseme el alma de un bocado. Todo en ti es volcánico. Cada mirada una erupción incendiaria que arrasa en cenizas mi voluntad de huida. Todo en ti es mixtura que hipnotiza. De Brasil a India en un mejunje que todo lo devora. Sexual como una leona revolviéndose gozosa bajo el mordisco pendenciero. Química como la alquimia que nadie comprende pero todo lo transforma. Si yo pudiera sofocar las llamas en tus ojos, descansaría a la vera de tus pestañas larguísimas como bajo la sombra de un anacardo gigantesco. Yaciendo en Porto Alegre, con mis alas chamuscadas rendido a tus poderes. Quedaría embelesado por la belleza salvaje de tu rostro veinteañero, que es una efigie de azúcar que esculpió el demonio! Sin fantasear idilios que no me corresponden, porque aunque los colmillos no entiendan de edades el corazón ya no tienta a la suerte como antes cuando el abismo es infranqueable. Todo en ti es mañana. Mientras yo ya intuyo la sombra débil de la muerte olisqueando en mi camino. Tú sonríes con la inocencia de un caimán, como si cualquier cosa entre nosotros fuera posible. Yo maldigo el tiempo que me conjugó en pretérito en el verbo de tu historia.

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