Tú estás demasiado lejos. Y yo ya crecí lo suficiente como para saber que estas llamas son sólo un fuego fatuo que la noche alimenta y el día extingue. Tú vives con el instinto del áspid asesina, presta a inocular tu veneno cuando mi cercanía te incomoda. Yo, llenó de antecedentes, reconozco tus espinas cada vez que me lanzas el anzuelo. Y si accedo a tus demandas es porque tus ojos explosivos a menudo me confunden. Cuando la noche nos sorprende aprisionados el uno contra el otro, tu mirada es una daga colérica que no conoce la benevolencia y tu cuerpo un festival de curvas que marea. Yo te susurro obscenidades que sonrojan las sombras y liberan la espoleta. Tú estallas en un boom catastrófico que en violenta pirotecnia derrumba los cimientos del planeta. -Tuya -me dices con el rostro arrebolado. -Tuyo -replico fingiendo una dependencia que me está prohibida. Luego, en este silencio que acoge tus miedos y mi mesura, las hilanderas enhebran sin prisas el hilo de mi suerte, bordando tu nombre en los pliegues del mañana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s