He visto desechos de yonquis en el descansillo del alma. Agujas quebradas con los restos de sueños a los que la vida torció el pulso. Busco tus ojos entre los escombros de mi memoria, pero ningún recuerdo sobrevivió entre los despojos. Y de las paredes húmedas del corazón se borró tu nombre de princesa. Busco un oasis en el desierto árido del insomnio, como si esta noche repleta de dunas no ofreciera más cobijo que morir enterrado bajo la arena como un alacrán desorientado. Qué buscas? Qué quieres? Ahora que el futuro ya es una utopía y el pasado una bullabesa de rostros desfigurados que balbucean mi historia. Yo no pertenezco a esta fiesta, permanentemente un extranjero. Frente a mí, un mundo enrabietado en el que los tiranos acumulan ganancias aferrados como lapas a la ignorancia y pasividad de las gentes. Tras de mí, un océano de errores en el que naufragaron todas mis posibilidades. Quién soy yo para juzgar las razones de mis enemigos? Apenas cubierto por el harapo maltrecho de mis vanidades mientras la lluvia me empapa con lágrimas como perlas. Soy la luz singular que titila en la distancia, como un faro tímido batallando las sombras. Soy un vocablo hurtado a la melancolía, incapaz de encontrar el camino de vuelta a casa.

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