Si me oyes, escucha. No dejes que mi voz muera despeñada en los acantilados del olvido. Desangrada a chorros tintos sin que nadie tapone la herida. Porque perecerá preñada con tu historia y con la mía. Y ambos despertaremos solos e ignorantes a otra mañana. Si me escuchas, actúa. Porque apenas queda tiempo para salvar la tropa. Porque la bestia no da tregua en los cuarteles. Porque las guerras siempre fueron un error que ningún dios condona. Porque la sed del sedicioso es infinita. Y las gentes son cada día más cobardes. Si actúas, no te rindas. Aunque a tu cabeza apunten todos los misiles. Aunque la propaganda denigre tu nombre. Hasta que veas celebrar el fin de todas las hostilidades y el dron y la bacteria de diseño dejen de ser el enemigo. Hasta que de todos los futuros se borre la palabra Apocalipsis. Yo te diré que huir nunca fue una alternativa. Que esperanza nunca fue un vocablo hueco. Que la heroicidad nunca estuvo en el ataque, sino en la resistencia. Te diré que tras de ti caminarán orgullosas las multitudes. Si me oyes, escucha.

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