Si tan sólo supiera a quién le escribo. Preso en la bruma etérea de otro mediodía. Preñado de palabras que revientan el útero entre este mundo y otros, para acabar sin audiencia enterradas en el jardín de la melancolía. Retozando desnudo entre sombras y espinas mientras el común de los mortales yace inconsciente aguardando la madrugada. Lapidando los días como si fueran herejes tratando de dinamitar mis puestos fronterizos. Adivinando en las dunas del desierto en que me muevo el zigzagueo letal de la culebra que aguarda. Si tan sólo supiera porqué he renunciado a tantas cosas: A la amistad que casi nunca resultó sincera. A las mujeres lindas que, para mi vergüenza, siempre fueron una dulce excusa para entretener la fiera. A las gentes en general, que me resultan francotiradores a cubierto en cada esquina. Yo no tengo un lugar al que volver cuando la vida se harte de oxigenarme el alma. Desengañado entre los que no hallaron acomodo en el escenario. Desorientado en este mar prolífico en naufragios. Desafecto para con las voces incógnitas que llenaron con sus recuerdos mi prosa.

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