Dime quién, anudado a la gravedad por la soga del ahorcado. Quién amartillando el alma en la noche oscura. Quién, rendido el latido a la muerte, transitando lívido el puente entre los mundos. Dime quién, harto de tantos errores, destrozando el molde con que se construyó el primer hombre. Quién capturado en un pozo sin fondo tratando de escalar hasta la luz de la mañana. Quién bajo los cascos de unicornios desbocados. Quién al límite final de los océanos, contemplando el abismo por el que se despeñan los navíos. Dime quién, galopando desnudo en la negritud de la sabana como un semental zaino alardeando frente a la yeguada. Quién contemplando esta lluvia de estrellas inflamadas. Quién violentando el silencio con un aullido áspero que lija los oídos. Quién atendiendo el parto de un lucero. La sombras nos cubren como una nodriza amable. La Luz nos malhiere como daga envenenada. La sangre, de añada incógnita, nos habla de herencias y responsabilidades. Quién a proa, quién a popa. Quién desolada en la orilla con ojos como mares. Quién aguardándonos paciente al otro lado.

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