No sé porqué busco lugares oscuros. O los matices turbios de la medianoche, cuyas pinceladas sombrías se asemejan al testamento de un loco. O los sonidos apocalípticos de la jungla nocturna, donde la bestia camuflada amenaza tu existencia. No sé porqué busco el pasar fugaz de los trenes en la distancia, con sus ventanillas iluminadas y las miradas curiosas de pasajeros sin nombre. O la luz espectral de las farolas bajo la lluvia a media tarde. O el fragor confuso de los ríos cuyas aguas heladas siguen su curso reflejando ocasos sanguíneos. A veces la vida debería proyectarse en blanco y negro. Con traje de celuloide y ritmo de música jazz en un antro decadente. En fotogramas danzando sobre las paredes desconchadas de un callejón cualquiera. Bañada en niebla y en el llanto espasmódico que acompaña al último sorbo de alcohol en los garitos. Yo no sé porqué persigo amores que fracasan. Mujeres imposibles que hacen de mi corazón piñata. Pelirrojas, morenas, rubias que si les quitas sus colores parecerían una sola, comprometida con patearme al extremo opuesto de la historia. No sé porqué busco mi refugio en las horas desnudas del tufo mundano. O allí donde la luz no alcanza con su narigón entrometido. O en los claroscuros de un pequeño aeropuerto en Casablanca, donde Rick e Ilsa discuten su destino.

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