La soledad es un pozo en el que vives hecho añicos. Un túnel por el que transitas desterrado de los otros, condenado a tropezarte con tu sombra a cada movimiento. La soledad es un baile de máscaras tras la que cada invitado esconde tu rostro. Es una conferencia donde la voz que nunca escuchas es la única que suena. Una ciudad de un solo ciudadano cercado por un batallón de recuerdos armado hasta los dientes, a cual más peligroso. La parada y fonda al final de todos los caminos, cuando ya lo has perdido todo. Qué he de decir cuando el hilo se rompe? La soledad es el antídoto a vivir prendido de otros ojos. Un ejercicio en el que no valen los plurales. Una llamada al orden para quien se extravió en los sentimientos. Una geografía estricta en la que abundan las fronteras y los espacios prohibidos. Una caricia onanista que nos mantiene en la distancia, mientras la niebla de su rostro se disipa. La soledad es algún lugar perdido en ninguna parte. Un soliloquio sin testigos. Una aventura que concluye en cuanto la soledad se acaba.

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